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Unos días después Juan sigue conteniendo sus emociones y pensamientos
para no molestar a los demás. Llega un momento en el que no puede más, va a
explotar. Como siempre, puede decidir. Montar un numerito, esconderse, confesar...
Ya ha elegido, va al servicio, se sienta en un rincón y comienza a llorar
silenciosamente. Pasa más de una hora y sus compañeros empiezan a preocuparse.
Temen que le pueda haber pasado algo a aquel simple niño que se sienta al fondo
de la clase y siempre pone buena cara. Deciden avisar a Macarena, ella es la que
mejor entiende a Juan.
La maestra tampoco sabe qué hacer. Al notar la presencia de ese s
que sentía en esa carta. Ahora no siente nada. Ni un rasgo de felicidad, ni tristeza, ni
er querido,
nuestro niño, elije no preocupar a nadie. Sale del baño igual que entró. No quiere
confesar que el motivo de su tristeza y agobio son todos ellos. Todos por los que él
había sufrido y guardado sus opiniones y pensamientos. Entra en clase, tiene ganas
de gritarles a todos y a la vez de que lo acepten como amigo y lo quieran. Elige
sentarse silenciosamente y observar. Todos están escribiendo. Eso le da una idea a
Juan. Puede desahogarse en una carta dirigida a sus compañeros.
Escribe su carta, la lee y la relee No logra comprenderlo, ha soltado todo lo
siquiera enfado. Siguió pensando durante toda la tarde por qué.
A la mañana siguiente seguía sin entenderlo. Llegó a su pupitre como siempre
pero esta vez había una diferencia, estaba cubierto de cartas. ¡Cartas de su
compañeros! (a los que por fin llamaría amigos). ¡Cartas de agradecimiento! Ya
sentía, ¡volvía a tener emociones!
Faltaba algo, aún le quedaba una cosa que fastidiaba todo, la carta escrita el
día anterior. La sacó de la mochila, la leyó en voz alta para que la oyeran todos y la
rompió en señal de rechazo. ¡Estaba lleno, lleno de alegría! Eso ahora no era un
problema, podía expresarse sin tener ningún miedo.
La ayuda sólo se corresponde con más ayuda. Muchos de nosotros creemos
o queremos ser como Juan. Sencillas personas que se dan a los demás y hacen
cuanto pueden para que sean felices.
Ana Graciani Donaire Noviembre 2014